Rodia216

Hoy recordé a una vieja, muy vieja, que decía que los mejores escritos que tenía eran cuando yo estaba deprimido..

Siempre pensé que era falso; pero nunca pude comprobarlo. Ahora, que una vez más mi alma se acongoja, se estruje mi corazón y mis sueños se esfuman, no puedo dejar de pensar en su expresión pálida y burlona, como el fantasma que siempre aparece para recordarme mis desgracias.

Pues bien, todo indica que he vuelto a ser abandonado. ¿Cuántas veces se repetirá? El eterno retorno ahora parece ser el Uróboros del dolor permanente.

A veces pienso que, en mi demencia, todas ellas forman parte de la conspiración macabra. No pueden con su miseria, y se dedican a jugar como si yo fuese su propiedad.

Me dan asco. Tú y todas las de tu calaña. Si para satisfacer tu ego y su placer tengo que sufrir, hace falta aun más cosas. Tú y tu estirpe me enseñaron a vomitar mi propia sangre después de devorarme. ¿Qué más puede hacer mi mente para expulsarte?

Notar que, por muchos arreglos que te pongas, serás una vieja muy vieja, que nunca dejó de estar muerta cuando me fui de su insulsa vida.

Duele

Duele tanto aquí en el alma

Un minuto dura y se sufre una eternidad

Es un momento la alegría

Lo único que quedan son cenizas

Esto fue todo una farsa.

Mente en blanco

Muchas veces lo soñé:

Entrabas de lleno a mis ojos,

Nadabas como sirena en mi sangre.

Tierna y sutil,

Etérea y sensual.

 

Estuvimos así unos minutos.

Nadie dudaría que fueron siglos.

 

Buscando un beso tuyo,

Lo que encontré fue

Agua que calmó mi sed,

Noche de miles de lunas llenas

Cielo y más allá de lo divino.

Otra vez mi corazón volvió a latir.

 

Todo corrompe

El amor todo corrompe.

Más aún que el recuerdo,

lleno de tantos adjetivos comunes.
El agua que humilla a la roca

y la reduce a simple arena.
A veces quisiera ser como un grano de sal,

dejar que la mar me diluyera…
Pero no puedo. Simplemente no.

Su amor es tan imposible que más valiera

dejarla ir… y eso haré.
Pero sus formas aún caen sobre mis ojos

de la misma manera que un exquisito manjar

seduce al virtual comensal que se esconde

tras el vidrio.
Mi alma, no contenta con dejarla ir sin intentarlo siquiera, arremete contra mi

Y me regala un sinfín de pesadillas.
“No hay nostalgia peor que añorar

lo que nunca jamás sucedió”.

Stella

No puedo creerlo. A mi edad, y volviendo a creer en el amor. Es un pecado.

Nunca creí que pudiera volver a sentir ese temblor en la rodilla derecha, justo cuando camino. Ciertamente, buscaba un pretexto para verle, y ahora llegó sin pensarlo .Resulta que es como un alma perdida en mi mente. Sí: he vuelto a caer. Sí: las estrellas vuelven a seducirme.

He leído la compatibilidad zodiacal muchas veces. La he repasado, y según los arcanos, esto simplemente es imposible. Que aire y agua son inmiscibles. que lo racional no se mezcla con lo sensible.

Y lo peor de todo es como si se repitiera una historia bastante añeja, como cuando todo empezó. ¿Será acaso sólo una ilusión? Si no me conociera a mí mismo, diría que no. Tengo miedo de sufrir de nuevo, y caer ante su belleza. Una belleza que supera lo mundano y material y se proyecta en lo etéreo.

Sí: a veces me da por pensar que en vez de ser Piscis debería llamarse PSIcis, por la dualidad onda-partícula, por las dualidades de dos peces que se contrarian.

Ah, ¿por qué, por qué?

De poesía y matemáticas

En esta semana, que fue la primera que tuve de clases con la generación 2017-1, empecé los cursos como ya desde hace unos años acostumbro: primero platico con mis alumnos.
Les hago preguntas cómo si la ESIME fue su primera opción, o si realmente quieren estudiar allí, y por qué. Siempre he tenido respuestas variopintas, desde graciosas hasta conmovedoras.

En esta ocasión no fue la excepción; una chica llamó mi atención al decirme que ella quería estudiar medicina y que llegó de manera circunstancial a la escuela… vayan a saber cómo eligió sus opciones para llegar hasta aquí. Mencionaba que ella odió, odia y odiará las matemáticas, pues son cosas aburridas pero, sobre todo, frías e inhumanas.

En este punto me puse a reflexionar bastante acerca de la percepción general de las personas con respecto a las matemáticas. De esto ya se ha escrito demasiado: libros, tratados, teorías del conocimiento… pero al final, seguimos siguiendo sin comprender por qué las personas son ajenas de algo que, en principio, es tan cotidiano y natural. Es como negar la hermosura del sol.

Empecé a decirle que las matemáticas no son, como muchos dicen, una herramienta que sólo sirve para facilitar la vida. Si bien es cierto, pocas veces he pensado en el utilitarismo de las matemáticas de manera única. Siempre he buscado analogías en el arte para transmitir el hecho de que las matemáticas también tienen una componente estética pura, que sólo vive para ser contemplada y admirada.

Y fue cuando, en esta vez, la analogía con la poesía hizo su primera aparición. Siempre había comparado con la pintura, pero nunca con la poesía. Y fue cuando entonces les hablé de que las matemáticas son un poema, del cual a veces no se entiende ya sea porque está en otro idioma (como los de Whitman, Poe, Bukowski o Baudelaire) o porque el sentimiento es tan profundo que, a pesar de poseer el mismo idioma, no se posee la misma perspectiva (como los de Almafuerte, Paz, Sabines o Neruda). Son poemas cuya belleza radica no en la métrica, sino en la profundidad del mensaje. Ciertamente, hay que escucharlos de quien los escribe, pero las matemáticas, a diferencia de la poesía de los grandes literatos, se escriben en un lenguaje que tiene sus reglas y que es tan compacto que pocas veces deja espacio a la localidad. Es un lenguaje global. O al menos eso pretende.

Así estaba yo, divagando sobre la belleza de las letras matemáticas, hablando de los héroes y los villanos, de las musas y de los aquilones, cuando un alumno hizo la pregunta que cambió todo:

“Profesor, ¿y usted nos enseñará a hacer poemas?”

Me quedé mudo. Tardé mucho tiempo en atinar una respuesta satisfactoria. Después de un minuto y 32 segundos, pude decir:

“No, tan sólo les enseñaré ortografía, y algunas reglas gramaticales”

Como si de una epifanía se tratara, entendí parte del problema que escribí al inicio. Una razón de que las personas no amen, disfruten las matemáticas, radica en que no enseñamos a escribir poemas. Sólo corregimos acentos y tildes y virgulillas. ¿Cómo esperamos que aprendan a escribir si no leen, ni escriben ni expresan lo que les corroe las venas?

A menudo nuestra labor docente apaga la llama de libertad que vive en los corazones de los muchachos. Y enseñar y aprender matemáticas resulta entonces en, más que repetir y motivar, competir y competer… consiste en dar un empujón a que ellos mismos hagan su poesía, en que ellos mismos hagan su música, Que se llenen las manos de barro, que sus ojos de colores se embriaguen. Y será entonces que, sin más, pregunten un día de qué trata aquél teorema que escucharon en el radio.

Yo, por lo mientras, empezaré a leer algo de poesía latinoamericana. Por allí escuché que Harald Helfgott tiene un hermoso poema que dice: “¿Es cierto que todo número impar mayor que cinco puede expresarse como la suma de tres números primos?” Falta leer mucho, y tengo mi diccionario a la mano, pues seguramente me perderé entre tanto barroco. Pero hay más tiempo que vida.

Alea jacta est

Hace muchísimo tiempo que no escribo nada. Pareciera ser que he estado en un momento de desconcierto, un arrebato de dolor. Nada más alejado de la realidad. En verdad, he estado en un sueño profundo, un minúsculo lapso entre lo muerto y lo moribundo… un pequeño atisbo entre el túnel luminoso y la más profunda ansiedad. 

¿Qué más puede pasar, si el mundo pareciera ser tan sólo un grito ensordecedor? A veces, muy a menudo pareciera ser, pierdo la paciencia, la cordura y el dolor en la cabeza se apodera de mí. Es como si un ser tosco e indolente de mi condición quisiera trepanar y expulsar lo poco que queda de juicio de mi cabeza, y establecer allí un negro imperio.

Las palabras se esconden como cucarachas debajo de mi mesa… pierdo todo contacto con la belleza… pierdo poco a poco la confianza; la humildad y la arrogancia me avientan desde lo más alto de la ignorancia, y me autoproclamo el más deleznable del orbe.

Como diría Sabines… si lo has de hacer, hazlo ya. Y la suerte está echada.

CENART

Antes que nada, quiero pedir una disculpa adelantada por si a alguna persona le disgusta lo que voy a escribir a continuación. Como siempre, espero sus críticas constructivas, no sus ataques. Pero creo que era necesario expresar lo siguiente. Esto fue escrito en mi libreta mientras esperaba a mi (nuevo) asesor en el CENART… Y no, no se malinterprete, YO NO ESTUDIO EN EL CENART (quiero estudiar matemáticas en IMATE), pero dan las circunstancias de que mi futuro asesor es matemático y también (como yo), gusta del arte y la fotografía.

Como fuese, mientras esperaba a que llegara, me puse a pensar y escribir lo siguiente. Espero los convide de mi vida mucho más que a mí. Saludos.

CENART

Es incríble cómo lo que debería ser bello se encuentra yermo y frío. La luz contrasta en la sombra; hay armonía en el color; los sonidos son únicos y extravagantes, sí. Pero no logra atraparme como yo creí en un principio. Es como Micho dice, “entrar en resonancia”. Porque al final de cuentas son oscilaciones, y sólo ellas, las que nos mantienen con vida.

Nos dejan vivir, no porque quieran, sino porque no saben que aquí estamos. Pertenecemos y a la vez no al ejemplo pleyádico: creamos, pero no creemos. Es todo un esnobismo puro.

Jugamos a formar parte de un entorno, pero justamente cuando más lo intentamos, y en pos de la perpetuidad, nos disociamos. Creemos crear, creamos un no-creer. Cuestionamos lo global en pos de la generalidad, mientras que la estrucutra yace en el elemento, no en el fundamento.

Burlamos el destino y no burlamos el pasado. “La práctica artística”. “La generalidad y robustez”… Se me hace imposible, increíble, que ciertas cosas sean exclusivas. Pero aparentemente es allí donde radica, reside, la tan ansiada individualidad. Lleno de oscuras interrogantes.

Me abstraigo, siguiendo un viejo protocolo de defensa que aprendí tiempo atrás. Finjo un plano paralelo, y junto mis ideas en un punto, un aleph, esperando a que brille todo el mismísimo universo.

Consumo el aire ajeno; no soy capaz de condolerme, de dejarme seducir por la compasión. Releo mis líneas escritas antaño y noto, con dejo de estupor, la permanente soledad en la que me hallo inmerso.

Pero no es un sentimiento explusivo de estar aquí. Dentro de mi perspicacia he concluído lo evidente: que mi mundo está lleno de simetrías, puesto que me rodean los invariantes. Ah, han pasado hoy ya miles de años; el beber de mi propia agua hoy me conduce a un ambiente hostil y muy oscuro.

Jugamos a ser pequeños dioses. Nos gusta la libertad que nos da el poder, pero no el poder que nos da la libertad. Lleno de preguntas más que de respuestas, me dispongo a ir a otro lugar. Y verificar una vez más que no soy otra cosa que un guiñapo, un atisbo de soledad compactificado.