CENART

Antes que nada, quiero pedir una disculpa adelantada por si a alguna persona le disgusta lo que voy a escribir a continuación. Como siempre, espero sus críticas constructivas, no sus ataques. Pero creo que era necesario expresar lo siguiente. Esto fue escrito en mi libreta mientras esperaba a mi (nuevo) asesor en el CENART… Y no, no se malinterprete, YO NO ESTUDIO EN EL CENART (quiero estudiar matemáticas en IMATE), pero dan las circunstancias de que mi futuro asesor es matemático y también (como yo), gusta del arte y la fotografía.

Como fuese, mientras esperaba a que llegara, me puse a pensar y escribir lo siguiente. Espero los convide de mi vida mucho más que a mí. Saludos.

CENART

Es incríble cómo lo que debería ser bello se encuentra yermo y frío. La luz contrasta en la sombra; hay armonía en el color; los sonidos son únicos y extravagantes, sí. Pero no logra atraparme como yo creí en un principio. Es como Micho dice, “entrar en resonancia”. Porque al final de cuentas son oscilaciones, y sólo ellas, las que nos mantienen con vida.

Nos dejan vivir, no porque quieran, sino porque no saben que aquí estamos. Pertenecemos y a la vez no al ejemplo pleyádico: creamos, pero no creemos. Es todo un esnobismo puro.

Jugamos a formar parte de un entorno, pero justamente cuando más lo intentamos, y en pos de la perpetuidad, nos disociamos. Creemos crear, creamos un no-creer. Cuestionamos lo global en pos de la generalidad, mientras que la estrucutra yace en el elemento, no en el fundamento.

Burlamos el destino y no burlamos el pasado. “La práctica artística”. “La generalidad y robustez”… Se me hace imposible, increíble, que ciertas cosas sean exclusivas. Pero aparentemente es allí donde radica, reside, la tan ansiada individualidad. Lleno de oscuras interrogantes.

Me abstraigo, siguiendo un viejo protocolo de defensa que aprendí tiempo atrás. Finjo un plano paralelo, y junto mis ideas en un punto, un aleph, esperando a que brille todo el mismísimo universo.

Consumo el aire ajeno; no soy capaz de condolerme, de dejarme seducir por la compasión. Releo mis líneas escritas antaño y noto, con dejo de estupor, la permanente soledad en la que me hallo inmerso.

Pero no es un sentimiento explusivo de estar aquí. Dentro de mi perspicacia he concluído lo evidente: que mi mundo está lleno de simetrías, puesto que me rodean los invariantes. Ah, han pasado hoy ya miles de años; el beber de mi propia agua hoy me conduce a un ambiente hostil y muy oscuro.

Jugamos a ser pequeños dioses. Nos gusta la libertad que nos da el poder, pero no el poder que nos da la libertad. Lleno de preguntas más que de respuestas, me dispongo a ir a otro lugar. Y verificar una vez más que no soy otra cosa que un guiñapo, un atisbo de soledad compactificado.

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