Y (Acróstico Bicentenario)

Y los susurros mutilan más que las balas.
Aquí están los hijos de la vida. Todos muertos.
Corren los que aun pueden erguirse. Los demás reptan en la sangre.
Estamos aquí, presas de un ciego sentido del amor… al dinero.

Lo sentimos llegar, pero no hicimos nada por detenerlo.
Ahora nuestra libertad la anteponemos a nuestra vida.

Justo somos excretas del gobierno omnipotente, de los viejos que comandan el mundo.
Un sonido permea el ambiente; el dolor se convierte en música.
Somos autómatas que se esconden bajo las balas;
Tomamos los órganos desparramados y hacemos de ellos el alimento.
Intrusos van, intrusos vienen. Y sólo nuestra respiración se apaga.
Como los perros de antaño deambulamos.
Intrusos vienen…
Ahora, como los perros de antaño, morimos a golpes.

Mueven nuestros cadáveres. Muere la dignidad.
Un sonido se apaga en el valle.
Estamos unos sobre los otros. Como en los antros yacen todos los olvidados.
Rodamos cuesta abajo, gobernados aun por la gravedad.
Todo esto fue una quimera.
Ahora que todo estamos muertos, ¿a quiénes regirán esos poderosos?

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