El Club del Suicidio

Espero retomar mi viejo “Club del Suicidio”, donde, más que esperar a que la muerte nos asalte de repente, nos dedicamos a diseñar la manera de crear una muerte insospechada. Algunos de nosotros optamos por una muerte llamativa, como reclamando nuestra falta de atención en toda la vida; otros, prefieren una muerte discreta, sumida bajo la tierra y de tonos más grises.

Pero todos lo hacemos de la misma manera: esperamos la muerte por la mano de la única persona en la que podemos confiar tan semejante empresa. En quien tenemos la esperanza de que las cosas saldrán bien.

Ahora me imagino, asaltado por la infinita vaguedad del alma y la insoportable levedad del ser, caminar por entre las veredas de un gran bosque. Lanzarme desde lo alto de una montaña, y caer encima de la tienda de campaña de algún niño explorador. O tal vez ahogarme en el mar, luchando con un tiburón imaginario, que se me anuda en el cuello y me anima a no respirar.

Sí: cualquier cosa, cualquier obra estará bien hecha, mientras mis manos la perpetren. Podría tomarme la caja entera de paracetamol, nifedipino, carbamazepina, tramadol, insulina, amoxicilina, y mezclarlo con ese viejo licor de la cantina… Podría beber todo el cloro de la lavadora… o bañarme junto a la plancha.

Podría anudarme mi cinturón a la altura del cuello, arrojar la silla lejos y dejarme vencer por mi propio peso.

O podría irme al espacio, y dejar explotar mi cabeza al sacarme el traje presurizado.

Las vías del tren…

Los cuchillos sobre mi pecho…

Un asalto frustrado en un barrio que no es el mío, y cuyo camino desconozco…

Una olla de aceite hirviendo…

El calor del desierto…

El hielo perpetuo del Ártico…

La bala rozando mis neuronas a la velocidad del sonido.

Sí…

Siempre pensé que el suicidio era la máxima manifestación del poder.

Y ahora, junto a todos los enfermos de este pabellón, todos víctimas del dolor post-nitro, espero a que alguien se descuide. Tomo mis manos, y empiezo a pensar. Y heme aquí, suspirando por poder caminar hacia aquella ventana, tener todavía la fuerza necesaria para atravesarla, y caer, caer, caer…

And when my body lands, will my eyes will closed or opened?

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