Estamos

Estamos todos aquí, esperando a un milagro. Los llamados capitalistas. Las energías debilitadas. Y yo.

Y yo. Me encuentro solo, escondido en las oscuras tabernas de la soledad. Me tomo un trago… la desidia me invade.

Camino a casa, por una larga calle opaca y vacía. Vacía como mis pueriles sueños de volar lejos de esta inmundicie.

Hoy, asomo mi cabeza por encima de mis esperanzas. Nada. Sólo puedo estimar el gran número de esclavos hundidos en la acidez de una crisis anunciada. Quince mil. Cientocincuenta mil. Dos… ¿Quién sabe cuántos más?

Estamos solos. Tú y yo estamos solos. Somos como los dos extremos de la cuerda, movidos por la misma invariante vibración. Escasez de vida. Hoy, has vuelto a pecar…

Y me siento uno más en este mar de cuerpos desechos. Cada paso que doy, cada cabello que pierdo; cada mordida al divino, un sentimiento que pierdo. Ya no soy extraño, Me hundo en el mar de la mixtura, de una mixtura que goza de una insoportable homogeneidad. Somos, ahora, simplemente, un aglomerado de dolor en una pequeña rebanada de infierno…

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