El hombre de las cuatro máscaras

El hombre de los cuatro rostros

Limpia lentamente su sonrisa.

Hunde torpemente su ira,

Oculta en un tercer gesto la codicia.

Mueve de un lado a otro los sombríos ojos

Buscando el pensamiento más profundo.

Recorre, serpenteante, los caprichosos

Escondites de los dioses antiguos.

Demonios y ángeles;

Espectros y ánimas olvidadas.

Los fríos caminos le llevan

Al oscuro rincón de su memoria.

Solo, sediento y ambicioso. Solo.

Conocen cada uno de sus secretos.

Ungen su cabeza con la sangre,

Agria, de los enemigos caídos.

Toman la sangre de los vencidos.

Roban la sangre de los humillados.

Ocultan la sangre y la atesoran.

Mientras, el hombre sacia

A cada terrible fauce de su avaricia.

Sigue el camino maldito.

Como si de hormigas se tratase,

Atrapa a los días en su mano.

Recorre serpenteante los cuerpos

Agrestes de los dioses.

Sólo somos él y yo. Los dos somos.

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