Credoscuro

En la oscuridad de tus palabras,

en la risa irritante que salta de tus encías;

en la informidad de tu sombra sobre mis manos,

en lo común de tu caminar pero en lo preciso de tu ritmo.

En el aire que exhalas.

En la suntuosidad de tus líneas cuando escribes.

En el sí de tu suspiro. En el no de tu dolor.

En la mágica, casi divina sucesión de miradas argentinas.

En lo perenne de tu fuerza. En lo malévolo de tu silencio.

Allí encuentro la interminable fuente de todo razonamiento.

Y te deslizas con la suavidad de los muertos. Con la delicadeza del rocío que recorre y apasiona a la rosa salvaje del valle.

En la incomensurable felicidad que siembras en mí. En la eterna presencia de tu existir.

En eso creo, porque creo en tí.

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