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Concepción Torres Villarreal durante su examen profesional para obtener el doctorado en ciencias biológicas. La académica recomienda a las mujeres: “luchen por alcanzar lo que desean; no hay ningún obstáculo que encuentren en la vida que no puedan destruir” Concepción Torres Villarreal durante su examen profesional para obtener el doctorado en ciencias biológicas. La académica recomienda a las mujeres: “luchen por alcanzar lo que desean; no hay ningún obstáculo que encuentren en la vida que no puedan destruir”
Estando leyendo en La Jornada, me encontré esta noticia muy grata, digno de ejemplo y dedicación. Ahora, más que nunca, no puedo tener pretexto.

Consigue doctorado en ciencias a los 88 años

“Hoy cierro un capítulo más; no hay edad para estudiar”, expresa Concepción Torres Villarreal

En 1949, Concepción Torres Villarreal obtuvo la licenciatura en biología por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y ayer cumplió uno de sus más caros sueños: graduarse de doctora en ciencias biológicas, a los 88 años. Feliz, aunque un poco agotada por el esfuerzo, una vez concluido el examen profesional, ratificó su compromiso: “seguiré siempre interesada en la biología, y en especial en la genética”.

Durante el medio siglo que cumplió en la actividad docente todo mundo la ha llamado Conchita. Ayer colegas y familiares se dirigían a ella como doctora. Para lograr ese grado se preparó con los créditos correspondientes y defendió la tesis La enseñanza de la biología en el nivel medio superior (bachillerato) ante un jurado compuesto por reputados académicos: los doctores Juan Luis Cifuentes, ex director de la Facultad de Ciencias, Irama Núñez y su asesora Ana Barahona Echeverría.

Con una figura frágil que es sólo apariencia, elegante, se le vio muy concentrada en que su objetivo al acudir a la Ciudad Universitaria no era otro que obtener el grado de doctora en ciencias. Estuvo más de dos horas frente a los sinodales, y argumentó no sólo con referentes teóricos, utilizados para elaborar su tesis, sino además con todo lo que le dejaron 50 años de práctica docente en la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) y en el Colegio de Bachilleres.

Por eso, cuando se corrió la voz de que se daba a sí misma el gusto de alcanzar una nueva meta, de pronto se vio rodeada de periodistas y fotógrafos. Y aceptó responder, un tanto sorprendida porque a otros les resultara relevante algo que para ella era sólo parte de un proceso de aprendizaje ininterrumpido durante seis décadas.

“Gracias a la universidad he cumplido muchos sueños en mi vida, y hoy cierro un capítulo más, porque no hay edad para estudiar”, declaró con voz bajita, mientras sus cercanos aguardaban para festejarla.

Cuando terminaba con una de las muchas entrevistas que le hicieron, no podía evitar el sarcasmo: “por favor, ¡ni un periodista más!”, le decía a una muy orgullosa integrante de su prole, compuesta por cuatro hijos, 14 nietos y 11 bisnietos.

Maestra jubilada en 1976 de la ENP, y de Bachilleres en 1995, la doctora Torres dijo sentirse “muy satisfecha” de todas las metas alcanzadas. Contó que hace un año decidió retomar sus estudios de doctorado, en los que “ya había avanzado en la elaboración de mi tesis; y aquí estoy, concluyendo una nueva etapa”.

Con la medida muy clara sobre el significado de su logro, enviaba también un mensaje a otras mujeres: “luchen por alcanzar lo que desean, y así lo pueden alcanzar; no hay ningún obstáculo que encuentren en la vida que no puedan destruir”.

Evocó su paso como estudiante de licenciatura en la Facultad de Ciencias, a mediados de los años 40 en el siglo pasado. Era, ciertamente, una escuela con pocos estudiantes.

“Éramos poco más de 30, pero yo no era la única mujer. De hecho, la biología era una de las ciencias donde más alumnas se graduaban”. Ya titulada, Conchita participó en la campaña contra la oncocercosis, en 1949, año en que también ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) como ayudante de laboratorio.

Fue hasta que se abrieron nuevos planteles de la ENP cuando obtuvo el nombramiento definitivo como maestra en la escuela preparatoria número cinco José Vasconcelos, en Coapa, al sur de la ciudad. “En esa época había puros establos por el rumbo, pero de todas manera llegué muy contenta a dar clase. Más tarde impartí cátedra en la preparatoria número siete, Ezequiel A. Chávez, en La Viga. Como profesora en la preparatoria trabaje 30 años, de 1946 a 1976, que fue cuando me jubilé”, refiere.

Pero a Conchita ese hecho no fue sino el fin de una etapa, porque de inmediato entró a dar clases en el Colegio de Bachilleres. Y pasó ahí otros 19 años. Fue en esta etapa cuando realizó estudios de maestría y le despertaría el interés por alcanzar el doctorado, precisamente en su alma mater, la UNAM.

Juan Luis Cifuentes Lemus dijo que la nueva doctora –quien nació el 27 marzo de 1920– “es un ejemplo de tesón, de una persona que luchó hasta llegar a su meta, sin importar que tiene 88 años. Esos son los ejemplos que requerimos para los jóvenes”.

Ufano, quien es además de colega compañero de generación de ella, narró: “La conocí primero como estudiante de biología y más tarde fuimos colegas en la ENP. Siempre trabajó mucho para formar a sus alumnos y es sin duda una de las profesoras que más enseñó a los jóvenes a querer a los seres vivos. Muchos de sus ex alumnos, cuando la vean en los medios de comunicación, dirán: ‘fue mi maestra’, y seguramente serán doctores, veterinarios o biólogos”.

La ubicó además como un “ejemplo de constancia, pero también de lo que hace la universidad pública por sus estudiantes, que nunca los olvida, porque en ninguna universidad privada se ve esto, porque se pagan cuotas. Sólo las instituciones públicas impulsan una trayectoria académica hasta el final. Por eso debemos defenderlas”.

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