Cuando a Orwell nadie le creía

Visitando el blog de Red Devil, me encontré con una frase interesante: “El poder tiende a la corrupción, y el poder absoluto a la corrupción absoluta”.

Eso inmediatamente me remitió a Orwell, quien (para gusto de muchos) tal vez era un paranóico del totalitarismo.

La primera vez que leí 1984, no pude dejar de llorar. Para mí, esto no tenía nada de extraño. Mi propio país es víctima del Big Brother omnipresente. Se halla en cada rincón, escondiéndose, aunque apenas disimulado sale y lanza un feroz ataque contra el pueblo.

Observa la televisión: una infinidad de programas que matan las neuronas de nuestros niños. Mira los periódicos: ya no sabes que es en verdad la verdad. Sólo el fútbol aparece a todo color en los diarios especializados en el deporte, de los cuales hay más que revistas especializadas en ciencia.

Después de ver a esa clase social parásita, los políticos, he llegado a la conclusión de que son perfectamente prescindibles. Lo que necesitamos: la ciencia al poder. O el arte al poder. El campo al poder. Sí: todos los marginados, los desarraigados, a quienes día a día los grandes corporativos roban el dinero por productos por demás inútiles, que atentan con nuestra salud y nuestro bolsillo. Sí, lo que necesitamos es llevar de nuevo el pueblo al poder.

Por lo mientras, he dejado de usar Windows. Creo que es un pequeño paso, pero ya no quiero que mis ideas pertenezcan a un hombre sin escrúpulos como Gates… Es más, ni siquiera quiero utilizar “su sistema”, desprobisto de imaginación y trabajo comunitario.

Perdón si son muchas cosas sin hilamiento las que he escrito hoy…. la verdad me muero de sueño, pero quiero abrir un panorama… No quiero infundir miedo, sino esperanza. Todo esto puede mejorar. Primero, hay que estar informados, e informar. Hoy lo he tratado de hacer. Lo demás, hasta que todos lleguemos a preguntarnos: ¿qué sigue?

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